Neyla Durán, una mujer entregada por completo al diseño y la voluntad de Dios

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Efraín Puerta / Portada Cristiana

Nací en Mene Grande, en la costa oriental del lago, es un pueblo pequeño donde te ahorras muchas cosas y donde desde tu nacimiento aprendes a valorar hasta los detalles más pequeños, incluso llegas a darte cuenta en algún punto, que hay cosas que significan en realidad un gran aporte de felicidad en tu vida.

Vengo de una familia muy tradicional, soy la cuarta de cinco hermanos, dos de ellos forman parte del primer matrimonio de mi papá, pero realmente él siempre nos enseñó a vernos todos de la misma manera, sin distancia alguna, algo que sin duda alguna influyó en la hermosa familia que hoy somos y el amor y respeto que hay entre nosotros.

Recuerdo que a los 16 años me vine a la ciudad de Maracaibo buscando cumplir ciertas metas de superación como un buen trabajo, o ingresar a la universidad para cursar mis estudios en Derecho, profesión que actualmente desempeño.

El primer momento realmente difícil en mi vida fué cuando mi papá muere, porque si bien es cierto, yo trabajaba, estudiaba y colaboraba en la casa, pero no tenía la obligación de aportar. Una vez que sucede eso, no sólo tenía que lidiar con la dolorosa pérdida de mi padre, sino que además entre mis hermanos y yo debíamos proveer de todo lo que en el hogar se necesitara. Eran momentos difíciles porque en vida, papá se dedicaba mayormente a trabajos de campo como cultivo de plátano, y una vez que el ya no está, nos encontramos en situaciones que nos obligaron, por ejemplo, a vender la parcela de plátanos de mi papá porque ya no había quien la trabajara, y al hacer eso obviamente entendíamos que todo el sustento de nuestro hogar dependería exclusivamente de nuestros ingresos.

Mi abuela por parte de madre profesaba la religión tradicional y mi abuela paterna, era cristiana y nos enseñó siempre el fundamento de su fé. Una de las cosas más importantes, que además marcó por completo mi infancia y juventud, es el recuerdo de mis tías paternas y esencialemte de mi abuela, orando incesantemente por mi padre y todos sus hermanos y por todos nosotros, sus nietos y familiares. Digo esto y afirmo que este hecho impactó mi vida, porque puedo dar fé de que las oraciones en aquel momento de mi abuela, hoy se cumplen hasta su tercera y cuarta generación, porque de alguna u otra forma, se ha visto más frutos y devoción al Señor en sus nietos por ejemplo, que en sus propios hijos.

Casi todos en mi familia somos cristianos, estamos actualmente trabajando en un ministerio y en alguna congregación para el Señor y eso es una lección de vida para mí, porque es allí donde puedo entender verdaderamente que la oración del justo puede mucho y que sin duda alguna, esta tiene poder porque puede alcanzar hasta tus próximas generaciones. Tú puedes orar hoy por tus hijos y nietos, creyendo en fé que Dios va a hacer realidad su obra en sus vidas.

Resalto el ejemplo de mi abuela paterna porque realmente fue de gran ayuda en mi formación y arrepentimiento a Cristo, casi a sus 100 años tú podías llegar a visitarla y ella sólo se la pasaba cantando coritos al Señor, incluso, en algún momento determinado ella empezó a tener dificultad para recordar algunas cosas, hasta se sentía un poco desubicada en cuanto al lugar donde frecuentaba, pero simpre se sentía en el culto, no paraba de adorar a Dios, era algo indescriptiblemente hermoso.

Digo todo esto porque creo que de allí viene la promesa hacia mi vida y la de mis hermanos y familiares que hoy le sirven a Cristo. Mi papá nos formó en nuestra niñez bajo las enseñanzas de la religión tradicional, por tanto nuestra decisión por el evangelio de Jesús no fue una realidad hasta que fuimos confrontados a tal manera que no pudimos ni quisimos vivir por nada que no fuera la gracia de Dios.

La primera de mi casa que llegó a los pies de Cristo fué mi hermana mayor y luego mi mamá, ellas se la mantenían con faldas largas y detalles como ese, ocasionaron que mi papá se opusiera rotundamente al hecho de que sirvieramos al evangelio. Más adelante, en una edad de mayor madurez, mi hermano y yo decidimos también seguir a Jesús y pese a que mi papá seguía oponiéndose a lo que hacíamos y creíamos, él lo fue aceptando y su corazón fue cediendo poco a poco.

Una vida de fé

Mis inicios en la vida cristiana no fueron cambios drámaticos o inmediatos, el Señor tuvo que trabajar con mi carácter, tuvo que buscarme constantemente, tuvo que enamorarme, incluso quisiera contar una anécdota que recuerdo con mucha ilusión. Yo iba constantemente al gimnasio, pasaba mucho tiempo allí porque lo disfrutaba realmente; una vez mi mamá me dijo “vamos el miércoles a la iglesia”, y yo le respondí que no porque debía ir al gimnasio, pero resulta que al llegar al gimnasio, el entrenador me ponía a hacer una rutina de ejercicios y a su vez me daba unos audifonos para que escuchara predicaciones o alabanzas mientras me ejercitaba, él obviamente era cristiano y yo, a pesar de que huía de la iglesia sentía el llamado de Dios constantemente.

El transcurrir de mi relación y vida junto a Jesús ha sido muy largo, he pasado por muchos desiertos, uno de ellos fue sin duda la muerte de mi papá, que fue sumamente dolorosa para mí porque a pesar de que mi papá fue un hombre proveedor, responsable y generoso, tambien cometió muchos errores porque fue un hombre que por ejemplo, en algún momento se ligó a la política y llegó a estar muy bien posicionado, luego, por ciertas ambiciones, llegó a involucrarse en problemas con la bebida, él nunca faltó a sus reponsabilidades en el hogar pero tener hábitos de ese tipo a veces te trae muchos problemas socialmente y en el hogar. Quizás suene contradictorio, pero yo fuí la más allegada a él, por eso cuando muere mi dolor es indudablemente grande, y en mi corazón debía perdonarlo y ser libre de esas molestias o reproches que en algún momento sentí.

Por esto es que cada vez que puedo hago la exhortación a las familias para que estas puedan enmendar en vida todas las diferencias que por alguna razón u otra, se llegan a interponer en las relaciones entre esposos, padres e hijos, etc.

Otra de las experiencias que marcó mi vida fué el hecho de que por mucho tiempo asistí a la iglesia y ayunaba, oraba, e incluso llegué a trabajar o a ser probada sirviendo en algunas áreas, pero no me había bautizado, era un paso de fé que me costaba dar. Una de las cosas que a mi siempre me costó en un principio era decir a todo el mundo Dios te bendiga, yo veía que todos me llegaban y me abrazaban con tanto desprendimiento y yo aceptaba cortezmente el gesto pero no me salía decir a todos “Dios te bendiga”, me parecía un cliché.

Un día se me acerca una hermana y me pide apoyo para una actividad de damas que se realizaría en la iglesia, yo gentilmente le dije que sí, que contara con mi apoyo y me dispuse a ayudar en lo que ella me pidiera pues me había dicho que era algo sumamente sencillo pero de mucha relevancia. El día de la actividad llegué dispuesta a servir tal y como me lo había indicado la hermana, y cuando le pregunto cuál sería mi labor, ella me dijo que me sólo tendría que pararme en la entrada principal de la Iglesia Cristiana Filadelfia, que fué donde conocí al Señor, y que a todo el que fuera llegando al templo le regalara una sonrisa y le dijera amorosamente un “Dios te bendiga”; puedo afirmar sin temor a duda que esa tarde-noche dije más de 2.000 “Dios te bendiga”, porque la iglesia se llenó por completo e incluso habían muchas personas levantadas (Risas), así que sin duda, esa noche aprendí el significado de esa oración, su poder y la importancia de la misma.

Poco tiempo después me bauticé en la iglesia, exactamente el 12 de Junio del año 2005, y recuerdo esa fecha con mucha ilusión porque ese día fuimos a un retiro organizado por la iglesia, y el dia anterior yo había cumplido años. Casualmente en el marco de la actividad había una torta y fue un día maravilloso, los hermanos fueron muy especiales conmigo e hicieron de ese día uno de los más hermosos y significativos de mi vida, no sólo porque se celebró gratamente mi cumpleaños, sino porque ese día decidí en un acto público de fé, como es el bautismo, demostrar ante la iglesia y ante mi Dios, mi entrega total a Él. Ese día tracé una línea muy marcada en mi vida, un antes y un después, un compromiso eterno de más nunca mirar atrás, sino de colocar por siempre mi mirada en Jesús.

Todo ser humano debe encontrarse con el corazón de Dios”

Yo tengo una frase que el Señor me regaló en el desierto, “A mayor intimidad, mayor revelación, y a mayor revelación, mayor Gloria. Cuando tú comienzas a tener mayor intimidad, cuando comienzas a cerrar la puerta a todo lo demás y le das un tiempo íntimo frecuentemente a Dios, comienzas a conocer a un Dios de milagros, comienzas a conectarte además con su espíritu y comienzas a sentirle de forma sobrenatural en cada momento de tu vida, El comienza a ser un padre para tí y tu te conviertes en su hijo amado y mejor aún, íntimo.

Puedo decir con tal certeza que conocí realmente a Dios cuando arrodillada me postré ante él, cuando arrodillada sentí su respaldo y su presencia, cuando arrodillada clamé por respuestas en distintas áreas de mi vida y él en su infinito amor y misericordia me respondió, ví a un Dios grande y ví su luz, cuando todo estaba obscuro él llegó y lo hizo todo nuevo para mí, empecé a ver el mundo como nunca lo había visto, sentir que Dios está transformándote y haciendo todo lo que eres desecho, para crear una nueva criatura a su imagen y semejanza no tiene comparación con nada.

Altos y bajos, son parte del crecimiento espiritual

Hay algo que considero que es muy relevante resaltar, porque tendemos a cometer errores antes de conocer a Jesús y luego de conocerlo también, y es maravilloso saber que Dios sigue amándonos y que su misericordia nos alcanza en todo momento. En en año 2009, hubo un episodio en mi vida en el que pese a mis constantes oraciones, pese a mis constantes busquedas de respuestas, pese a permanecer horas y horas doblando rodillas para escuchar socorro de parte de Dios, no encontraba ninguna respuesta, Dios estaba en silencio y así permaneció por un largo tiempo.

No hay algo que duela más que despues de haber escuchado a Dios en el desierto de tu vida, experimentes su silencio, y eso me sucedió a mi. Recuerdo que en ese tiempo yo oraba fervientemente con mis rodillas e incluso mi frente pegada al piso, estaba ansiosa por una respuesta de parte de Dios.

En ese tiempo Dios me procesó y me enseñó a madurar y a entender muchas cosas, comparo esa situación muy ligeramente con la soledad que llegó a sentir el Señor Jesús en la cruz del calvario, no es la misma carga para nada, pero me sentía sumamente sola y no podía evitar sentir tristeza por anhelar una pronta respuesta. Entendí en ese momento que no era a mi tiempo sino al de Dios, algo que sin duda ha sido esencial en mi crecimiento espiritual.”

Los inicios de un ministerio consagrado a Dios

Actualmente, la hermana Neyla Durán dirige el ministerio de Ayuno y oración de la iglesia cristiana Filadelfia, y afirma que no era algo que ella había soñado o planificado en algún momento de su vida.

Como lo mencioné hace algunas líneas, la intimidad con Dios te lleva a un espacio de cercanía donde descubres, porque a Él le place, cual es ese propósito para el cual has sido llamado. Fue así como, cuando menos lo esperaba, recibo un llamado de parte de mi pastor y de parte del Señor de asumir esa responsabilidad tan grande de liderizar el ministerio de intercesión de la iglesia.

Antes de trabajar en el ministerio de Ayuno y Oración, trabajé como diácono de la iglesia, época que fue inolvidable y hermosa en su plenitud, disfrutaba tanto poder servir en cosas pequeñas o grandes a cada persona que asistía al templo, yo sentía un amor sumamente profundo y desprendido por el servicio en la obra y no podía pensar en otra cosa que fuera hacer bien y ser de ayuda para los demás.

Luego pasé a formar parte del ministerio de planificación de la iglesia, allí aprendí muchísimo en cuanto a la formación organizativa que debía o que debe llevarse a cabo en las actividades. Era una gran responsabilidad porque tenía que coordinar seguridad, multimedia, producción y absolutamente todo lo que se hiciera en cada actividad. Era una carga bastante fuerte porque no podía dejar que ningún detalle se pasara por alto, incluso yo tenía las llaves de la iglesia, así que era la primera en llegar y la última en irse. Fue un tiempo de mucho estrés, pero también de mucho aprendizaje, una etapa maravillosa que me llevó también a ser lo que hoy soy.

Hoy desempeño la labor, como ya he mencionado, de dirigir en la congregación la tarea de interceder por nuestros pastores y lideres, y por cada una de las personas que forman parte de mi vida ministerial y personal, por mi iglesia y sus proyectos, por sus frutos y por sus miembros.

Consciente de que aún hay un largo camino por recorrer

Tengo muchos anhelos en mi corazón por ciertas áreas de mi vida en las que aún espero ver realizada la obra de mi Señor. En cuanto a lo personal, aún no me he casado y espero pacientemente la voluntad de Dios para con esa petición, sé que no es a mi tiempo sino al de aquel que dirige mi vida y no tengo ataduras o frustraciones de ningún tipo. Por el contrario, entiendo que Dios conoce los deseos de mi corazón y que sin duda alguna Él quiere seguir trabajando en el desarrollo de otras áreas de mi vida. Quizás si en algún momento de mi vida me hubiera casado por mi propia voluntad no fuese la mujer que hoy soy. Por eso estoy convencida de que al tiempo de Dios, obtendré respuestas que traerán un complemento a mi vida personal pero principalmente, a mi vida espiritual.

En cuanto a mi ministerio o a mi labor en la iglesia, no tengo nada pensado que no sea, seguir sirviendo incansablemente en el ministerio donde Dios quiera usarme o a donde quiera llevarme. Hoy tengo el privilegio de estar donde estoy y es un acto que con todo honor, honra, alabanza y desprendimiento, continuaré desempeñando hasta que el Señor lo permita.